DIAGNÓSTICO:CÁNCER

Lunes 15 de Diciembre de 2013 – Consulta de digestivo – Lugar: Hospital Universitario Infanta Elena

En la hora que estuve esperando en la sala de espera no paraba de temblar, y no pude evitar pensar que esa debía ser la sensación que tenían los condenados a muerte porque en mi interior, algo que estaba diciendo a gritos que lo que me iban a comunicar no iba a ser nada fácil de digerir.
Entrar en la consulta y venirme abajo fué todo en uno, la cara de la doctora me lo decía todo: era grave. En un principio no quiso darme detalles, simplemente se limitó a comunicarme que no existía la opción de operar y que me mandaba con volante urgente a la consulta del oncólogo. Con esta información y yo en una crisis de ansiedad pretendía que me fuera a casa y esperara a que el oncólogo me viera.

Tuve que exigirle que me informara:

-¿La biopsia ha dado que el tumor es maligno? SI

-¿Está muy avanzado? SI Nivel T3 Profundo

-¿Tengo metástasis? SI

-¿Dónde? ¿en el hígado que me duele, verdad? SI

-¿Cómo está el hígado? MUY GRAVE

-¿Me puede dar una copia del informe y las pruebas que me han hecho? NO, Lo tienes que pedir en atención al paciente y tardarán unos dias.

-NO, me va a dar los informes y las pruebas AHORA MISMO porque dada mi situación quiero otras opiniones y las necesito, no voy a esperar ni un día más. (Me costó pelear con el Hospital, pero a las dos horas tenía todas mis pruebas e informes en mi poder)

Y después de decirte esto… vacio. Sientes como cuando en una pesadilla te caes al vacio. Y miedo, mucho miedo, mi cabeza no paraba de repetir “¡tengo cáncer! ¡me puedo morir! ¡tengo cáncer! ¡cáncer!”  la temida palabra no paraba de repetirse en mi cabeza y no podía parar de temblar y llorar… Miraba a la doctora en un grito de “¡¡ayúdame y no te quedes mirándome con esa cara de circunstancias!!! ¡dime algo que me calme, dime algo que me consuele, haz algo !!”  Pero ella no reaccionaba, no se si porque su carácter es así de frío o porque no supo que hacer ante mi desplome emocional, pero el caso es que no me dijo ni una sola palabra de aliento, ni de ánimo, ni nada de nada. Se limitó a escribir en el ordenador y darme el volante para su colega: el oncólogo.

Salí de la consulta dejando allí a mis padres para que recogieran los informes, y acabé en un rincón de la sala de espera, tirada en el suelo, llorando desconsoladamente mientras marcaba el teléfono de la primera persona a la que le dije: “tengo cáncer”.
Una mujer sentada en una silla cercana a mi se me acercó y se agachó para darme un abrazo y decirme “no llores, el cáncer se cura, no llores, tienes que ser fuerte, no te asustes, verás como lo superas” …

Y perdida, mirar alrededor y sentirte perdida, tener la sensación de irrealidad, de que aquello no podía estar pasando, que posiblemente no estabas allí ni era a ti a quien le habían dado esa noticia, que igual estabas teniendo una alucinación o una pesadilla y tal vez te despertarías en un rato… Pero mirabas de nuevo alrededor y te dabas cuenta que no, que no era un sueño ni una alucinación y que si, que era realidad: TU REALIDAD.

Miedo, ansiedad, palpitaciones, sudores, terror, lágrimas, pánico, desesperanza, derrota… sensaciones que en ese momento se hicieron camino hacia mi mente y tomaron posesión de ella y de mi cuerpo…

Y volver a casa, y no querer ver a nadie… solo estar contigo misma para encajar la forma en que acaba de cambiar por completo tu vida.

Y claro está, esperar hasta el día siguiente, en que me dieron la cita con el oncólogo.

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