SENTENCIA DE MUERTE

Martes 16 de Diciembre de 2013 – Consulta de oncología – Lugar: Hospital Universitario Infanta Elena

No fuí sola, sabía que no sería capaz de superar aquella consulta sola. Tampoco fuí con mis padres, porque intuía lo que me iba a encontrar y no quería hacerles pasar a ellos por aquello con la crudeza con la que ocurrió. Y menos mal que no fuí sola, porque aún a día de hoy,  si no fuera por la persona que me acompañó, dudaría de lo que me dijo el oncólogo y la forma en que me lo dijo.

Tras esperar casi una hora en la sala de espera, entramos en la consulta y se presenta: “Hola, soy el Doctor X, no voy a ser tu oncólogo, soy el suplente de la suplente , ya que tu médico está de vacaciones y la suplente no ha podido venir, yo soy investigador nuclear de la Fundación Jimenez Diaz y te voy a explicar lo que tienes”.

Pues vale. Me quedo ojiplática ante esta presentación y por un momento pienso que puede que no sea tan grave lo que tengo y que me va a dar buenas noticias.

Comienza haciéndome un dibujo en una hoja tamaño folio de mi colon y mi hígado. Me cuenta que mi colon está muy avanzado (nivel T3 profundo) y que mi hígado tiene tres tumores grandes de 4,2  – 2,5 y 2 centímetros respectivamente y más de 20 tumores pequeños repartidos por todo el higado. Yo me quedo mirando el dibujo y le digo que qué significa todo eso. Su respuesta es que “estas muy grave y no hay cura”.Un escalofrío me recorre a la vez que le pregunto que como no va a haber cura. Me explica que el colon no es operable por el estado, que del hígado tampoco se pueden eliminar algunos tumores y dejar que se regenere ya que está plagado y no hay forma de sacarlos, y que un transplante de hígado con un tumor primario (el de colon) no es viable. Que me pueden dar quimo paliativa y nada más, y me repite que no hay tratamiento para mi.

Entonces yo trago saliva y le pregunto: “¿me estás diciendo que me voy a morir de esto?” y responde rotundo y natural: “SI”.

Me hundí en la silla y a punto estuve de perder el conocimiento. Me estaban diciendo que me moría, ¿cómo me lo podían decir con esa frialdad y esa seguridad? ¿cómo que no había tratamiento? ¿qué sabrá como puedo yo reaccionar ante un tratamiento para decirme que me iba a morir? ¿por qué ni siquiera lo iba a intentar? ¡¡¿qué coño me estás contando, tio?!!!

Mientras mi acompañante le hacía algunas preguntas al “suplente del suplente” mi mente no paraba, iba a mil por hora, procesaba la información recibida, miraba el dichoso dibujo una y otra vez, y no paraba de repetirme “no es posible, no le creas, hace quince días estabas bien, te metías al cuerpo dos horas de gimnasio, trabajabas, te encargabas de tu casa, tu hijo, tu vida… y estabas bien… esto no puede ser algo tan drástico, tú te puedes curar, solo tienes que salir de aquí y buscar profesionales que quieran luchar contigo en lugar de tirar la toalla antes de comenzar”.

No se en qué momento conseguí volver de mis pensamientos y decirle con toda la educación que pude: “no se ofenda, no se moleste, pero no quiero que usted me atienda, ni la suplente, ni la suplente del suplente, ni nadie en este hospital, me quiero ir a otro, por favor ya que ustedes no pueden hacer nada hágame una canalización al Hospital Doce de Octubre ya que  la ley me permite la libre elección de hospital y quiero que me atiendan allí”

No me lo hizo. Me dijo que una canalización era cuando en un lugar no te podían poner el tratamiento por el motivo que fuera y te enviaban a otro que sí pudieran. Y ellos sí me podían poner tratamiento: paliativo, pero yo no queria una palmada en el hombo e irme a mi casa a morirme, yo quería que lucharan por mi vida, y en ese hospital en el que me encontraba no estaban dispuestos a hacerlo. Me dió mi informe y tras despedirme me fuí de la consulta con la sensación de que me quedaba muy poco tiempo de vida..

No fué hasta que bajé a atención al paciente a solicitar el cambio de hospital que me di cuenta que el “suplente del suplente” me había dado el alta médica, por lo que tuve muchos problemas para conseguir una cita en el hospital que yo había elegido. Al darte el alta ya no te tratan en ese centro y tienes que pedir a través de tu médico de familia consulta nueva en el centro elegido con lo que eso colleva: esperar a que haya una cita disponible, lo que se podía retrasar semanas.

Quince días de un lado a otro, de la consulta de mi médico de familia (que es un ser humano y un profesional fabuloso) al Hospital Doce de Octubre, a la Fundación Jimenez Diaz (la biopsia no la tenían y tuve que ir en persona ya que si la mandaban al hospital inicial no me llegaría a mi en semanas y era necesaria para la quimioterapia), al Hospital Universitario Infanta Elena… quince días con un dolor de hígado insoportable y la contractura de toda la parte derecha del cuerpo sin parar de moverme para conseguir la cita con digestivo y oncología del Hospital elegido… sin tratamiento alguno, y con las fiestas de Navidad por medio: una tortura, fué una verdadera tortura ver pasar los días sin que te llamen y con la sentencia de muerte en tu mente.

Hasta que recibí una llamada: El día 30 de Diciembre me iba a ver urgentemente un doctor de digestivo del Hospital Doce de OCtubre.

Por fin, una luz al final del tunel… ¿Me podría comer las uvas con algo de esperanza?

experiencia-cercana-a-la-muerte

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